
ASÍ FUE LA DURA LUCHA
ENTRE SAN FRANCISCO JAVIER Y SAN FERMÍN POR SER EL PATRÓN DE NAVARRA
El Papa Alejandro VII tomó una decisión salomónica después
de 30 años de discusiones entre partidarios de uno y de otro.
Navarra.com
Patxi
Cervantes
03 diciembre,
2023 - 9:08 | Actualizado: 03 diciembre, 2023 - 9:09
San Fermín es,
seguramente, el santo más querido en Navarra al dar su nombre a las mejores
fiestas del mundo en Pamplona. El santo 'morenico' parte con ventaja en el
corazón de los vecinos de la capital navarra sobre San Francisco Javier, el
misionero navarro que llevó la fe cristiana a la India, China y Japón.
No obstante, lo
que sí conocemos y hemos celebrado este pasado 29 de noviembre, es la
festividad de San Saturnino, patrón de Pamplona. Procesión por el casco viejo,
gigantes en la calle y farolillos rojos para honrar al santo de la capital
navarra.
Lo que quizá es
menos conocida es la enconada lucha que hubo durante décadas entre partidarios
de uno y de otro santo para decidir oficialmente cuál era el más importante de
Navarra.
La polémica entre
San Francisco Javier y San Fermín por el título de patrón de Navarra es una
parte fascinante de la historia religiosa. Ambos santos, venerados por su
devoción y milagros, generaron una encarnizada disputa que dividió a la
comunidad navarra durante décadas.
La canonización de
San Francisco Javier en 1622 por el Papa Gregorio XV marcó el inicio de la
controversia. La Diputación del Reino de Navarra, respondiendo a este acto,
proclamó a San Francisco Javier como patrono, una decisión que las Cortes de
Navarra ratificaron en 1624. Sin embargo, esta designación desencadenó una
fuerte polémica que perduró a lo largo del tiempo.
Desde mediados del
siglo XVII, la Diputación y las Cortes de Navarra se vieron envueltas en un
litigio con el Ayuntamiento de Pamplona para determinar quién debía ostentar el
título de patrón del Reino de Navarra: ¿San Fermín o San Francisco Javier?.
En 1643, la
Diputación emitió un bando que proclamaba a San Francisco Javier como único
patrón de Navarra, respaldado por la declaración del obispo de Pamplona. Los
partidarios de San Fermín, sin embargo, no aceptaron esta decisión.
Argumentaban que
San Fermín, siendo mártir y no solo un confesor, había contribuido de forma significativa
al bienestar del reino. Además, destacaban la antigüedad y la popularidad
arraigada de su patronato.
La disputa se
intensificó con la participación activa de pueblos e instituciones navarras,
cada uno tomando partido por uno de los santos en conflicto. Los seguidores de
San Francisco Javier, influidos por los Jesuitas, contaban con el respaldo de
las Cortes y la Diputación Foral.
En cambio, San
Fermín encontraba apoyo en la ciudad de Pamplona, el cabildo de la Catedral y
gran parte del clero, quienes miraban con recelo el poder e influencia de los
Jesuitas.
Después de años de
enfrentamientos y divisiones, en 1656, la Diputación y el Ayuntamiento
decidieron elevar la cuestión a Roma, solicitando al Papa que resolviera la
disputa.
Finalmente, en
1657, el Papa Alejandro VII emitió un decreto que proclamaba a San Fermín y a
San Francisco Javier como patronos e igualmente principales del Reino. Esta
decisión puso fin a la discordia y reconoció la importancia de ambos santos en
la historia de Navarra.